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Iratxe (nuevamente)


La que muerde el candado hasta que
..........saltan las puertas de la noche.
La que descubre caimanes en el
..........zumo de naranja.
La de labios Iratxe.
La de besos Iratxe.
La que besa mestiza. La que besa
..........rufiana.
La que besa de cerca, tan cerca que
..........deja a la vista sus costuras, y las
..........grapas de plata que esconde
..........entre.la lengua y el corazón.
La que amenaza (1) ten cuidado
..........podría.cambiarte por el que
..........quisiera.
La que insulta.
La que insulta de nuevo.
La que insulta por tercera vez.
La que se enfada conmigo y hace
..........flanes de lágrimas.
La que se enfada conmigo y machaca
..........perejil en el mortero.
La que machaca el perejil con tal rabia
..........que al final siento pena por el
..........pobre perejil que soy yo.
La que amenaza (2) tú no eres Batania
..........yo soy Batania.yo te he inventado
..........tú qué te crees.
La chica número uno.
La chica número dos.
La nueve y mil. La diecicuatro. La
..........treinta.y quince.
La que siempre me recuerda el daño
.........que podría hacerme
.........sin fijarse demasiado.
La que arroja el vaso contra el suelo y
.........el vaso no se rompe, el suelo no
..........sangra, y triunfa ella y su vestido
..........blanco, y me paso la tarde
..........recogiendo mis añicos.
La que amenaza (3) desgraciado la
.........poesía te va a destruir y no
.........pienso cuidarte en el manicomio.
La que tiene una carita que es un tigre
.........de viento.
La que tiene una carita que es un
.........barco de viento.
La que tiene una carita que es un
.........jilguero.
De viento.
La guapísima. La bellísima.
La tu madre de dios hijaputa qué
.........ojos.
La que tiene unos ojos que los miras
.........y salen ciervos azules
.........copulando.
La que amenaza (4) que no me entere
.........que ninguna te llama Alberto.
La que me rompe de púas.
La que me púa de erizos.
La que me saca el ombligo de
.........quicio.
La desquiciante.
La que solo deja de burlarse cuando
.........me luce el frío, y vivo en miedo,
.........y las hienas me cierran las
.........salidas.
La que aparta entonces sus cincuenta
.........kilos de belleza y suelta tales
.........pedacitos de Satán por la boca
.........que me borra el frío, me mata el
.........miedo y hace huir tanto a las
.........hienas, que siguen huyendo
.........todavía.
La que amenaza (5) ten cuidado he
.........visto demasiadas pollas en mi
.........vida para ser una mujer honrada.
La que adora a los hombres.
La que adora a los hombres como a los
.........perros, solo si se dejan tocar.
La putísima. La zorrísima. La torcida
.........de ojos.
La que no desprecia al macho con
.........gorriones en el pecho.
La que se mira al espejo y el espejo le
.........dice tú.
La que se pregunta y la respuesta le
.........dice tú.
La que se compara y la respuesta le
.........dice nadie.
La oceánica Iratxe. La volcánica
.........Iratxe.
La Tracia y Peloponeso. La Persépolis.
.........La ajedrezada.
La melenosa. La cien escaleras. La
.........escorpiona.
La perfecta.

La que está conmigo y no
.........con vosotros.



La pelea


De todas las guerras que libro,
la guerra contra Euskadi,
la guerra contra España,
la guerra contra el nido
sin belleza y la belleza
sin justicia,
ninguna tan atroz
como la guerra que libré
contra ella,
todos los días, casa
por casa, a mataperro,
a ver quién gana, aé.
Ahora
que se ha perdido
todo lo que podía perderse
y me encuentro en el bando
de los que fueron derrotados,
quiero decir de nuevo
que me gustó la pelea,
me sigue gustando la pelea,
siempre
me gustará pelear.

La caída


Así fue mi caída: blanca,
silenciosa como un búho en las grapas de la noche.
Y qué bello era su rostro
la tarde en que me dejaba.

Qué bello.
Como un cardo bello como una araña.
Como un puñal como un cáncer qué bello.
Con esa belleza fácil y sin culpa,
pues ser bella no le costaba nada.

Qué le iba a costar. Ni siquiera
la tarde en que se fue
consintió en rebajarla.
Y fue increíble escuchar
“Ya no quiero estar contigo”
en su rostro de siempre,
qué bello era por dios,
qué bello.

Pero al menos escribo. Desde
el mismo lugar en que caí,
escribo. Ella sigue su camino,
cometiendo belleza,
y yo sigo en mis versos,
intentando la mía.

Los límites


La amo cuando está 
demasiado lejos
o demasiado cerca;
las distancias medias
solo sirven para amores a medias
y nosotros amamos al límite:
aquí se juega a trueno
o se juega a nada.

El último padre que me queda


PERO MI padre vuelve, mi padre acude con su boca de muerto y sus manos de muerto y me salva de la caída con un chasquido, un truco de magia, una palabra. Me lo encuentro en el trabajo, o caminando por el Manzanares, o escribiendo en el portátil, muriéndose. También él fue víctima de la superstición Iratxe, él adoraba a Iratxe: una mujer sin temperamento, decía, vale menos que una vaca. Por eso me dejó ordenado: 

 –Cásate con Iratxe.

Mi padre. Para resolver las dudas sobre nuestra veracidad, Iratxe y yo recurríamos al artificio infantil de los juramentos. Cuando el problema era leve me bastaba jurar por mi perro Argi y cuando era importante debía jurarlo por ella, pero había otro juramento más fuerte aún, el último:

–Júralo por tu padre.
–Lo juro.

Lo juro por aita. Porque soy muy capaz de jurar en vano por Argi y por ella, pero nunca lo he hecho por mi padre. Ahora que estoy de tristeza obligatoria (pero hacia arriba, cada vez mejor), utilizo un truco muy fácil que siempre me da resultado: me pregunto quién me gustaría que volviera, mi padre o Iratxe. Así resuelvo de un golpe la tristeza, pues ni cien millones de Iratxes me serán nunca la uña de mi padre, y de pronto su abandono se me presenta como un simple disgusto, un traspié, un contratiempo.

Nada mejor que solucionar una tragedia comparándola con la tragedia madre, la tragedia capitana. Porque no es el amor el motivo de mi vida sino la lucha contra la muerte. Y nunca seré el hombre que amó a Iratxe sino el hijo de Puskas. A veces escucho ruidos de trenes en mi cabeza y lo comprendo todo: lo que me pasa es que estoy loco, lo que pasa es que soy el último padre que me queda. Debería ir a un psiquiatra, claro, pero no creo en los psiquiatras. Debo resolverme solo.

Es lo que hago. Me automedico. Escribo.