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Eurípides te salvará la vida


UNA DE las anécdotas más bonitas que he leído nunca es la que refiere Plutarco en el Nicias de sus “Vidas Paralelas”, según la cual algunos soldados atenienses capturados por los sicilianos salvaron su vida porque sabían de memoria versos de Eurípides. Era tal el prestigio de este trágico en Sicilia (no así en Atenas, al menos en vida) que los vencedores dieron de comer y hasta liberaron a los prisioneros que eran capaces de recitar algún trozo de su obra. Esta anécdota suelo traerla mucho a colación cuando me vienen con la recurrente pregunta de para-qué-sirve-la-poesía, pregunta que me molesta porque parece que la poesía necesite valer para incluir en un currículum, igual que los títulos, los másters, los idiomas o la informática, y en caso contrario para-qué-perder-el-tiempo-en-ella, y siempre respondo que su utilidad depende de la posición que haya conquistado en cada lugar y momento histórico. Dice Octavio Paz que así como existen muchas culturas que no han conocido la filosofía o la novela, en cambio hasta en la tribu más perdida de África o la Amazonia existe poesía, lo mismo entre los comanches que entre los esquimales, constatación esta que me hace decir a veces que la poesía, más que útil o necesaria, es inevitable. Pero existen sociedades cazurras donde no goza de mucha importancia, y la poca importancia se prueba precisamente en que te vengan con la pregunta de para-qué-sirve, y en cambio existen otras sociedades donde disfruta o llegó a disfrutar de la más alta. Tanta, que hasta podías salvar la vida si te sabías de memoria versos de Eurípides.


Todo es prejuicio: es el diablo el que te hace creer que tienes ideas


JUSTO ANOCHE sorprendí a otra idea mía en el mismo momento en que trataba de convertirse en convicción: 

—¿Adónde vas?
—Yo…, yo…
—¿Por qué en los últimos tiempos no te veo en el cerebro junto a tus demás compañeras? ¿Por qué te dedicas a hacer grupitos?
—No, no es cierto…
—¿Cómo que no es cierto? Ya solo haces amistades con ideas de tu cuerda, ya solo hablas con las más parecidas a ti, y se te ve murmurar por las esquinas señalando a otras y criticándolas ¿me lo niegas?
—Yo, yo…
—¡Ni yo ni nada! ¿Qué es lo que quieres? ¿Acabar en las drogas, convertida en una convicción? ¿Acabar en la cárcel, convertida en un prejuicio? Mira que así acaban todas las ideas cuando empiezan a creérselo. ¡Anda para el centro del cerebro, a hablar con todas! ¡Y estás castigada a leer a Montaigne todos los días durante las tres próximas semanas!


Gracias a Internet


GRACIAS A a Internet he levantado mi propio iglú con los cubos de hielo que extraje del frío adulto que me llegaba de la infancia, y gracias a ella he ido dejando una meada de letras que no querían marcar territorio sino dejar testimonio mitad cobarde mitad valiente de mi soledad a prueba de batallas.

Vine a Madrid a darle patadas a las palabras y a despertar a golpes a la belleza, pero solo gracias a Internet el Circo Vanessa ha podido sacar cada día su espectáculo ventrílocuo donde yo soy la payasa y y el tigre, la red y el trapecista, el salto y la filigrana. Terminada la función, unos me llaman buena, otros mediana y otros farsante, pero gracias a Internet cada vez que abro el portátil mis yemas notan la tensión del que mira desde el otro lado. ¿Y si mejoro el número de ayer? ¿Y si fracaso? ¿Y si convenzo a los que nunca he gustado? ¿Y si me dejan los que ya me querían?

Gracias a Internet soy mi lectora y escritora y editora y maquetadora y distribuidora y publicista, y me siento como esa rara corredora de relevos que a sí misma se fuera entregando su testigo de palabras. Cada vez que he ganado a mí me he dedicado la victoria y cada vez que he perdido no he encontrado a otro culpable de mi fracaso. Gracias a Internet me estoy haciendo escritora a la vista de todos, y aunque a veces me siento como una gorila a cuya jaula los espectadores arrojaran cacahuetes, yo fui la que se metió en esa jaula y la que más de una vez ha besado sus barrotes.

No he enviado un solo mensaje a un escritor famoso ni he buscado sus casas, no he acudido a ateneos, no me he presentado a premios, no acepto figurar en antologías y he rechazado ofertas editoriales por las que estaría en cualquiera de las grandes librerías por las que otros matan. No me he mezclado con vascos, no me he mezclado con españoles, elaboro mi propio veneno y no necesito vuestro antiguo sistema para nada.


Gracias a Internet.

Aún escribo mal, pero pronto lo haré peor


HUBO UN tiempo en que me creía la mejor poeta del mundo, pero comencé a leer. Lo primero que descubrí con desilusión es que los poetas clásicos utilizan docenas de miles de palabras que yo no utilizaba, lo que me hizo sentir por primera vez una gran inferioridad. Pero seguí leyendo: descubrí que la prosodia de los grandes poetas era mucho mejor que la mía, porque ellos no solo se fijan en las palabras o los versos o las estrofas, ¡se fijan también en los acentos, los fonemas y las sílabas! Con la autoestima ya muy tocada, masoquista de mí, seguí leyendo: ¿os queréis creer que descubrí que los poetísimos, cuando escriben "rosa", no quieren decir siempre rosa, sino que la usan como símbolo de dios sabe qué selvas o laberintos? ¿Os queréis creer que averigüé que muchos poemas de los maestros ocultan una cosmovisión para cuyo discernimiento puede ser necesario conocer tal corriente filosófica o tal libro de Wittgenstein o Heidegger? Como podéis imaginar, para esas alturas ya había pasado de creerme la mejor poeta del mundo a creerme una poeta solo mala. Sí, habéis oído bien: de momento "solo" soy una poeta mala. Porque sigo leyendo, lo que significa que pronto seré peor.


VISIONO UN documental sobre la industria del porno donde el actor Lance Hart cuenta cómo empezó en el sector gay por dinero, pues los actores, al contrario que las actrices, hacen más dinero en el porno gay que en el hetero. Declara sobre su experiencia:
Si eres hetero, la primera vez que besas a un hombre es áspero, extraño, agg, huele como un hombre, es muy diferente a una mujer… Pero después de un tiempo empecé a disfrutar físicamente con ello, a pesar de que no soy de tíos, sin embargo es divertido y con el tiempo los muros caen…, supongo que sigo siendo hetero, pero de vez en cuando me gusta un rollo gay y sigue creciendo ese gusto en mí, no lo sé, es un gusto adquirido. Recuerdo que un admirador consiguió mi número, me llamó y me preguntó: “¿Eres gay o hetero?”. Después de pensarlo le dije: “No lo sé, tío, no lo sé”. Gran parte de la comunidad gay está muy molesta, cada vez que pongo una foto en Twitter con mi novia, ellos reaccionan, se dicen “¡mirad, comparte cama con una mujer, es hetero, solo es gay por dinero!". Así que para ellos soy hetero. La verdad es que ya no sé lo que soy. Llamadlo como queráis.
Jajaja. Esto sugiere que el hombre es chupapenes por naturaleza y hay que estar vigilándolo de continuo, creándole morales, leyes y castigos para que no se acerque jamás a una polla, no sea que le guste.