Todo es prejuicio: es el diablo el que te hace creer que tienes ideas


JUSTO ANOCHE sorprendí a otra idea mía en el mismo momento en que trataba de convertirse en convicción: 

—¿Adónde vas?
—Yo…, yo…
—¿Por qué en los últimos tiempos no te veo en el cerebro junto a tus demás compañeras? ¿Por qué te dedicas a hacer grupitos?
—No, no es cierto…
—¿Cómo que no es cierto? Ya solo haces amistades con ideas de tu cuerda, ya solo hablas con las más parecidas a ti, y se te ve murmurar por las esquinas señalando a otras y criticándolas ¿me lo niegas?
—Yo, yo…
—¡Ni yo ni nada! ¿Qué es lo que quieres? ¿Acabar en las drogas, convertida en una convicción? ¿Acabar en la cárcel, convertida en un prejuicio? Mira que así acaban todas las ideas cuando empiezan a creérselo. ¡Anda para el centro del cerebro, a hablar con todas! ¡Y estás castigada a leer a Montaigne todos los días durante las tres próximas semanas!