Nos quieren devolver


ME PASÓ algo triste cuando fui con mi gato Kobe al veterinario. Justo cuando llegué, una chica le estaba contando a la veterinaria que el gato que había regalado a su abuela, nueve días después de la compra, seguía sin dejarse tocar. Lo que le respondió la veterinaria me dejó espeluznada:

—Espera hasta dos semanas y, si entonces sigue sin dejarse tocar, vete a la tienda donde lo has comprado y pide que te lo cambien, porque lo más seguro es que sea asĂ­ de arisco toda la vida.

PensĂ© de inmediato en mi gata Lorca, que seguĂ­a sin dejarse tocar un mes despuĂ©s de que me la regalaran, y todavĂ­a un año más tarde su primer impulso al verme era meterse debajo de la cama. Esta gata sigue tratando con mucha distancia a mis dos gatos sociables Kobe y Broma, y, si alguna vez la medio piso sin querer, se pasa diez dĂ­as sin querer subirse a mi regazo, rumiando su rencor, como si la hubiera pisado queriendo. Pero nunca se me ha ocurrido “devolverla”, ¡y cĂłmo lo iba a hacer, si es una gata igualita a mĂ­, que tambiĂ©n soy rara y rencorosa y no me doy a los demás!

Ya veis cĂłmo trata la sociedad a los gatos que no se dejan tocar (a los humanos que no nos dejamos tocar tampoco se nos trata mucho mejor). Ese mismo dĂ­a, cuando Lorca se me subiĂł a las rodillas, se lo dije muy claro:

—Nos quieren devolver, Lorca. No les bailamos el agua y eso les jode mogollĂłn.