Historia de la primera pintada maricrónica


Ni los libros ni los bares ni las pantallas interneteras llevan la poesía a la gente, me dije mientras le daba vueltas al segundo hemisferio de mi peonza, no sopesando las ideas sino empujándolas hasta la nuez del fondo, hasta el núcleo: lo que sucede realmente es que todo el mundo hace versos para gente que hace versos y ahora, socializadas las nuevas pistas de aterrizaje, desde el más poetísimo al poeta más cariado puede llegar a los otros poetas, fijaos bien en lo que digo, los poetas forman tal plaga de langostas que hacen la ilusión de público pero no hay tales carneros, seguimos sin llegar al ciudadano, la palabra gente sigue siendo un megaterio. ¿Quiénes acuden a las secciones de poesía de las bibliotecas o librerías salvo nosotras? ¿Quiénes abren blogs y quiénes los leen salvo nosotras? ¿Quiénes van a los bares de poetas salvo tú y tú, joder, si ya os vi el otro martes, si es siempre la misma flecha y la misma diana, siempre las mismas?

Llegado a este punto quise hacerme las preguntas definitivas. ¿Existe una manera de llegar con poesía a la gente que no acude a la poesía, que es casi todo el mundo? ¿Se puede llegar a Jaime el del cuarto, a Rafaela la del ático, al carnicero y a la abogada, incluso a los gatos y a los mirlos, aunque para ello no deba convocarles sino acudir hacia ellos, no citándoles sino saliéndoles al paso, casi agrediéndoles? Puestos en esta tesitura pensé, ya con el colmillo alegre, ¿existe una modalidad de poesía donde cada error de la poeta merezca un castigo, una modalidad que evite el blablabeo y se recuperen las ventajas y desventajas de la censura? ¿Donde cada acierto no signifique nada y cada fallo 3000 euros de multa de la policía? Y ya en el colmo de la masturbación: ¿sería posible que a la sola vista de mis versos la gente no solo aprobara sino dijera algo más fuerte, un “ESTA TÍA ES LA PUTA JEFA” o, puestos a desaprobarlos, no se quedara en una mera negación sino en algo más agresivo, un “QUÉ HIJADEPUTA LA QUE HA ESCRITO ESTO, QUE PINTE EN SU PUTA CASA”?

Serían las tres de la madrugada cuando me vinieron los deseos de correr: yo solo quiero eso, me basta con ser un segundo más joven que ellos. Había comprado tres aerosoles Pinty Plus de color negro mate, dos euros cada uno, y me fui a la calle Los Pajaritos, donde había visto una pared a la que caía bien (pero no: no es cierto que me guiñara un ojo). Mientras le hacía esta pintada, No quieres hacer la vida que te toca, no paré de mirar histérica a todos los lados, pues solo empecé a disfrutar del miedo veinte grafitos más tarde, y con los nervios ni siquiera advertí que había escrito la Q sin el rabito, igual que la O, y parece que digo “ouieres” en vez de “quieres”. Era la primera de mis 3261 pintadas, fea como todas y grande como fueron las primeras quinientas en las paredes, como pensadas para personas con la prueba del oculista sin superar. Recuerdo que volví a casa muy contenta, como si hubiera matado un cíclope o hubiera rendido Cartago. Ya he dicho que solo quiero correr: yo solo pararé cuando vea a mi padre. Era el 13 de marzo de 2007.